Las grandes ciudades siempre han sido pioneras en cualquier tipo de avance que permita que sus habitantes lleven una vida más cómoda. Poco a poco, urbes más pequeñas han tomado el mismo ejemplo haciendo más fácil el día a día de su población. En este marco, tiene una gran cabida el hecho de eliminar las barreras arquitectónicas en espacios y edificios públicos, consiguiendo de esta forma que dichas comodidades alcancen a todos los usuarios, sea cuál sea su condición móvil.

Pero, ¿cumplen realmente todos estos espacios públicos la normativa vigente en relación con la accesibilidad? Podemos decir que grosso modo sí, pero no en todos los aspectos. Según la ley actual existen una serie de requisitos imprescindibles para que un edificio sea verdaderamente accesible:

accesibilidad en edificios públicos - escalerasEn primer lugar, se deben tener en cuenta los elementos independientes al edificio. Esto abarca rampas y accesibilidad en la puerta de entrada, información sobre el edifico (como por ejemplo horario de apertura) colocado de forma que sea perceptible por cualquier usuario, aparcamiento en una zona cómoda y cercana, además de que el itinerario hasta llegar al emplazamiento sea posible mediante transporte público. Por lo tanto, también se debe asegurar que el propio transporte público disponga de los medios necesarios para ser utilizado por una persona con discapacidad. Esta cuestión no está del todo insertada en nuestro país. Existen todavía muchos autobuses, sobre todo en regiones más pequeñas, que aún no cuentan con rampas que permitan el transporte de personas con problemas móviles. El tema se agrava a la hora de hablar del metro. Es cierto que hay estaciones equipadas para ser totalmente accesibles, sin embargo, no son mayoritarias, lo cual impide que una persona con problemas motrices pueda circular libremente por toda la red.

Por otra parte, según la normativa, se tiene la responsabilidad de eliminar aquellos obstáculos que puedan resultar peligrosos, como por ejemplo mobiliario urbano, además de cerciorarse de las buenas condiciones y accesibilidad de los pavimentos, de que se pueda circular de forma horizontal sin dificultad, de que el espacio para esto sea de al menos un metro y medio, y de que existan rebajes en las aceras más cercanas al edifico.

Otro elemento fundamental es la puerta principal. Al menos ésta debe ser totalmente accesible. Para ello, en caso de estar a un nivel distinto salvado por una escalera, debe estar acondicionada con una rampa o un salvaescaleras haciendo que ambas opciones de acceso sean posibles a la hora de entrar al edificio. Además de este elemento, se debe comprobar la altura y colocación adecuada de los pasamanos. Las propias puertas también deben cumplir una serie de características que afectan a todos los aspectos; materiales, tipo de tiradores, colores y sobre todo dimensiones. A ambos lados de la puerta debe existir un espacio al mismo nivel que permita maniobrar a una persona con movilidad reducida. Siempre que sea posible, conviene barajar la posibilidad de instalar puertas de apertura automática.

Una vez dentro del edificio, sigue siendo necesario conservar el carácter accesible. Como ocurría anteriormente, el espacio del vestíbulo debe ser lo suficientemente amplio como para que una persona con discapacidad motriz pueda circular con autonomía. También el pavimento debe ser el adecuado y mantenerse en buenas condiciones. Todos aquellos elementos que puedan suponer un obstáculo, como por ejemplo una columna, deberán ser señalizados y en ningún caso podrán impedir o limitar el espacio de acceso.

Sumado a todo lo anterior, el mobiliario deberá contar con unos parámetros específicos que permitan que pueda ser utilizado por todos los usuarios, tanto si poseen algún tipo de imposibilidad motora como si no. Las mesas deben estar diseñadas de forma que permitan la aproximación frontal de los usuarios en silla de ruedas, la altura de mostradores y vitrinas deben estar reguladas y una vez más se debe disponer del espacio suficiente para maniobrar.

Muy importante es también el evaluar las condiciones de los aseos, vestuarios y baños, la accesibilidad de rampas y ascensores y la altura de cajeros automáticos y máquinas expendedoras

El cuidado de todos estos elementos, convierten los edificios públicos en lugares totalmente accesibles para personas que no tengan una movilidad motora del cien por cien. Por eso es importante convertir aquellos lugares que, debido a una construcción antigua no cuenten con estas características, en espacios adaptados para todos.